LA BIBLIA 26
José gobernador de Egipto

1 Cuando José dejó por fin de cantar Faraón le dijo: No hay hombre más sabio que tú en mi reino. Tú gobernarás Egipto y sólo yo estaré por encima de ti. Pero tú harás el trabajo, que para algo soy Faraón.
2 Entonces Faraón se quitó un anillo que llevaba y se lo dio a José. Y mandó que vistieran a José con ropas de lino finísimo y puso collar de oro en su cuello y unas almendras de plomo en sus cejas.
3 Y lo hizo subir a un carro y todo el pueblo se postró ante José.
4 Y dijo Faraón a José: A partir de ahora te llamaré Zafnat-panea.
5 Y José quiso saber por qué le quería llamar así, pero como Faraón era casi como Dios, no se atrevió; José ya sabía la afición que tenía entonces la gente que pretendía ser Dios a cambiar los nombres de las personas. Sin ir más lejos, su padre que tenía el bello nombre de Jacob, ahora se hacía llamar Israel por culpa del capricho de Jehová.
6 Así que José, con su nuevo e incomprensible nombre, se dispuso a poner un poco de orden en Egipto.
7 Y recogió Zafnat-panea todo el trigo que pudo y lo guardó en unos graneros enormes. Y tanto era el trigo que recogió que no se podía contar porque no tenía número.
8 Bueno, tenía número pero era muy alto y daba pereza contarlo. Total, para decir: “Tengo trigo en el número exacto de cien mil millones de millones de granos”, casi era mejor para la época decir: “Tengo muchísimo trigo”.
9 Además, nadie iba a comprobar si había exactamente esa cantidad.
10 Y después de esos siete años de abundancia llegaron los siete años de escasez.
11 Y Zafnat-panea, que como todo buen político era muy espabilado, se puso a vender trigo a unos precios abusivos para el pueblo de Egipto.
12 Pero todo el mundo se veía obligado a comprárselo a él. Y lo vendía empaquetado en saquitos de un gomer, que eran unos tres quilos y medio.
13 Y en los saquitos estampó un dibujito que rezaba:
TRIGOS
ZAFNAT-PANEA
EL GRANO DE CALIDAD PARA PALADARES EXIGENTES
Los hermanos de José vienen por alimentos
1 Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Qué hacéis aquí, tocándoos los testículos? ¡Venga, no perdáis más el tiempo e id a Egipto a comprar comida, que tengo hambre!
2 Pero Jacob dijo que fueran todos los hermanos excepto Benjamín, que era el pequeño y por el que más afecto sentía por aquel entonces.
3 Y los hijos de Israel fueron a Egipto y se presentaron ante José y se inclinaron ante él. Pero, aunque José los reconoció al acto, ninguno de ellos reconoció a su hermano porque estaba muy cambiado debido a que había engordado como una Paca (referencia a las gordas Franciscas del sueño de Faraón (nota de la hermana del traductor)) y tenía la cara como un pan.
4 Y José se acordó del sueño que había tenido acerca de sus hermanos inclinándose ante él . Y José hizo como que no los conocía y les habló ásperamente y les dijo: ¿De dónde venís?
5 Ellos respondieron: Venimos de la tierra de Canaán para comprar alimentos.
6 Pero como José aún estaba enfadado con ellos por lo que le habían hecho en el pasado (sobre todo no les perdonaba lo de la túnica) les dijo: No os creo. Además, me parecéis ridículos con esas túnicas monocromas. Vosotros, aparte de ridículos, sois espías. Espías secretos.
7 Todos negaron con sus respectivas cabezas: No, nosotros somos Canadiendes, de Canaán. No somos impostores. Solamente hemos venido a comprar algo de trigo, avena, brea y cien gramos de jamón dulce para papá.
8 Y José se endureció y les dijo: Si no me demostráis que venís de buena fe, os hago encarcelar.
9 Y ellos dijeron: Somos doce hermanos hijos de un varón de la tierra de Canaán.
10 Y José replicó: Si sois doce, ¿por qué tan solo cuento diez al miraros? ¿Es que acaso no sé contar? ¿O es que dos de vuestros hermanos son transparentes?
11 Y los hermanos respondieron: Doce somos, mas el pequeño se ha quedado con nuestro padre y al otro hace tiempo que no lo vemos.
13 Y José dijo entonces: Si queréis que os crea haréis lo siguiente: Volved con vuestro padre y traedme al pequeño para que yo lo pueda ver. Y para tener la seguridad de que vais a volver, uno de vosotros se quedará conmigo hasta que volváis.
13 Y los hermanos dejaron a Simeón con José y se fueron hacia Canaán.
14 Y al poco rato volvieron ante José con un niño y le dijeron: Éste es nuestro hermanito pequeño. Anda, Benjamín, di hola a este señor.
15 Y José les dijo: Lo siento muchachos pero a mí no me engañáis. Éste niño no puede ser vuestro hermano menor porque es Paquito, el hijo de Nofredia, la mujer de la limpieza del palacio de Faraón.
16 Y los hermanos se sonrojaron y confesaron a José que, para ahorrarse una buena caminata, habían propuesto al primer niño que vieron que les acompañara a cambio de unas piedrecitas redondas de tamaño minúsculo que tanto gustan a los niños.
17 José, molesto por este intento de engaño, dijo que se podían ir pero que se quedaría con Simeón, Rubén, Leví y los pantalones de Judá. Y que si no volvían pronto con el pequeñín afeitaría a sus rehenes la barba, el pelo y las cejas para que se avergonzaran al aparecer en público. Además, Judá ya se podía ir despidiendo de sus pantalones.
18 Así que, esta vez, los hermanos fueron a Canaán a ver a Jacob, su padre. Y le explicaron lo que les había sucedido.
19 Y el padre, harto ya de tanta tontería, les dijo que le daba igual, que hicieran lo que les pedía ese tipo y acabaran de una vez, que así no terminarían nunca.
20 Y añadió Jacob: Llevadle también un presente, bálsamo, un poco de miel de las calles de San Francisco, aromas, mirra, nueces y estas bolitas que llevan aquí en la despensa más de un año y no sé para qué sirven.
21 Y los hermanos de José volvieron a Egipto, ya un poco hartos de tanto viajecito, y le enseñaron a Benjamín.
22 Y José, al verlo dijo: ¡Anda, qué cambiado estás!
23 Y los hermanos se extrañaron y le dijeron: ¿Cómo sabes que ha cambiado si es la primera vez que lo ves?
24 Y José, no pudiéndose aguantar más la risa, cayó al suelo con un ataque de hilaridad y les confesó que todo era una broma, que él era su hermano José.
25 Y dijo entre sollozos y risas: Así no me llamaréis nunca más VARIOPINTO ni os reiréis de mí.
26 Y decidle a papá que venga a vivir a Egipto, que se está la mar de bien y que podréis vivir todos aquí, en las tierras de Gosén, que aún están por urbanizar.
27 Y los hermanos de José volvieron a casa de su padre y le explicaron todo esto. Y Jacob, su padre, no se lo hizo decir dos veces: se puso un sombrerito, hizo un hatillo con sus pertenencias, llamó a todos sus familiares (que eran sesenta y seis), y se pusieron todos rumbo a Egipto.
28 Y allá se instalaron todos juntos y comieron perdices. Y carne de vaca flaca.
29 Y murió Jacob a los ciento dieciseis años.
30 Y murió José a los ciento diez años.
31 Y los otros también fueron muriendo por orden alfabético, pero no me voy ahora a poner a explicar cada una de las muertes porque no acabaríamos nunca y, además, es de muy mal gusto hablar de cosas tristes y me duelen mucho las lumbares y he quedado con unos amigos.